Una escapada a Cantabria: rincones, sabores y descubrimientos

Cantabria tiene esa mezcla mágica de mar y montaña, una  escapada fuera del recorrido oficial de verano, con amigas porque si!! 

 Hemos recorrido algunos de sus rincones más bonitos y hemos descubierto sitios que merecen mucho la pena y no quiero dejar de compartirlos.

Día 1: viaje y día en Santander

Desde Sevilla con vuelo directo, super cómodo. Nuestra ruta comenzó en Santander, alquilamos coche para poder movernos por los pueblecitos,  tapear en Cortés fue todo un acierto y pasear por el Centro Botín, con su arquitectura moderna y vistas a la bahía, nos recargó de inspiración.

Otro restaurante super recomendable «La Bombi». Teníamos otras recomendaciones que os dejo por aqui: El puerto, El riojano y La flor de Miranda.

En el mercado aprovechamos para hacer acopio de delicias cántabras: anchoas, quesuco, vino local y una mermelada de canela y nueces que fue mi perdición. Ideal para llevarte un trocito de Cantabria a casa, ¡Qué bien se come en esta ciudad!

No podía faltar una visita al Palacio de la Magdalena, imponente y elegante frente al mar. Por la tarde, café y paseo de shopping, no te pierdas «La folie» y «Beatriz Furest».

Nuestra base fue Sopeña, un pequeño pueblo en el Valle de Cabuérniga, tuvimos la suerte de alojarnos en Casa de Marta, Muchas Gracias por tu generosidad!!  y así la experiencia fue de inmersión total con los vecinos increíbles de 90 años que van en bici a la huerta, «el Che» que casi no le podíamos seguir el ritmo… nos enseñó sus manzanos de reinetas, sus trabajos con esparto… me dió envidia su vida sencilla y tranquila.

En uno de mis paseos mañaneros entre montañas y vacas, descubrimos uno de esos lugares que te hacen sentir como en casa: un hotel boutique en una casona rehabilitada con muchísimo encanto» CASA LUCA DE TENA» Lo lleva una pareja de sevillanos que han cambiado de vida para crear un espacio acogedor y con alma. Ya lo tengo anotado para volver con familia y amigos.

Podíamos ir andando al pueblito de al lado Valle, donde conocimos a Guillermina y su amiga que nos invitaron al bingo que hacen por las tardes… eso para la próxima!!

Varios decoradores tienen por allí sus casas de veraneo, creo que esa paz y paisajes alimentan el alma y son muy inspiradores.

Día 2:

Ya montadas en el coche, pusimos rumbo a SANTILLANA DEL MAR, villa de las tres mentiras (ni es santa, ni es llana, ni tiene mar) su joya Románica es la Colegiata de Sta Juliana, anduvimos por sus calles empedradas compramos dulces en convento de clausura, y entramos en una tiendita de un artesano local ideal «AMOR»»

Cerca están las cuevas de Altamira, pero no te hagas ilusiones… apenas permiten visitas (solo 5 al día), Habrá que conformarse con visitar el museo. También paramos en la Ermita de Santa Justa, encajada literalmente en la roca frente al mar. Un lugar increíble, entre acantilados. Comimos en una venta en Ruiloba el tradicional cocido montañés.

Por supuesto, no podíamos dejar fuera a Comillas, con su aire señorial. Visitamos la Universidad Pontificia, el Palacio de Sobrellano y, cómo no, El Capricho de Gaudí, esa joya modernista que siempre sorprende.

Día 3:

Pasamos el día en Barcena Mayor, en pleno corazón del Parque Natural Saja Besaya , calles empedradas, casas de montaña y un río perfecto para remangarse y meter los pies después de una buena caminata, y si hace fresquete un buen cocido montañes en  «La Solana», ha tenido varios premios.

Y de vuelta fuimos a ver la puesta de sol al Rayo Verde, sitio de tardeo con unas vistas impresionantes, y si tienes suerte puedes ver el atardecer, si el tiempo es bueno, no fue nuestro caso… estaba chispeando, pero las vistas merecieron la pena.

Día 4:

Pasamos a Asturias y estuvimos todo el día en Oviedo. Una ciudad muy cómoda para andar todo el día.

No dejamos de pasar por le teatro Campoamor y por supuesto comprar sus exquisitas moscovitas en confitería Rialto. Visitar su catedral y claustro. Comimos en «Gloria», super recomendable, y nos hicimos una foto conWoody Allen y otra super mona con Mafalta.

Día 5:

Último día, lo pasamos en Sopeña con los vecinos, en el pueblo tienen una bolera en la plaza, deporte local. Me hubiera encantado jugar, pendiente para la próxima.

Nos recomendaron comer en Ruente el pueblo vecino, Casa Fito o Hilo, comimos en Hilo exquisito su arroz con costillas.

Nos invitaron a tomar el té en Casa Luca de tena, previo paseo por el monte, ¡¡perfectos anfitriones!! 

Nos quedaron muchos sitios por visitar pero volveré!!

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