Acabo de volver de Menorca después de más de quince años sin visitarla y ha sido un auténtico redescubrimiento.
Lo que más me ha gustado ha sido la sencillez de la isla y cómo han sabido conservar su identidad. No encuentras grandes bloques ni construcciones que rompan el paisaje. La piedra arenisca, las fachadas blancas y los muretes de piedra seca construidos sin cemento forman parte de su esencia, y lo mejor es que la arquitectura actual sigue respetando este lenguaje.



Si podéis, os recomiendo alojaros en el Hotel Cristine Bedfor. ¿Sabéis que Cristine Bedford es un nombre inventado para el storytelling del hotel? El hotel tiene muchísimo encanto y una decoración con una clara inspiración inglesa,¡ideal! Diseñado por Lorenzo Castillo, al igual que el de Sevilla! Esa mezcla de estampados, rayas, flores, texturas.. te hace sentir como si te hubiera invitado Cristine a su casa!! ¿Qué lo hace tan especial? Sus piezas de anticuario , sus mezclas, silloncitos tapizados con pasamanerías, cerámica .. un hotel con alma!!


En Mahón, merece la pena pasear por el casco histórico y entrar en tiendas como Kala, Cerería Menorca y otra tiendecita con los bolsos de rafia que son una joya: Oqena



Y dos planes muy sencillos que nos encantaron: tomar un vermut en el Mercado del Pescado de Mahón y terminar la tarde con un cóctel en ES SUIS.


Otra recomendación súper top es alquilar un barco durante un día, recorrer la costa desde el mar, fondear en las calas y disfrutar de esos colores del agua es una auténtica maravilla. Además, muchos barcos llevan tablas de paddle surf para acercarte a las calas.




En cuanto a gastronomía, uno de mis descubrimientos ha sido el restaurante Xuroy, situado en una pequeña cala. Allí probamos unos mejillones a la plancha con un poco de pimienta blanca ESPECTACULARES!! y la sepia con su refrito de verduras de temporada que me encantan, especialmente cuando lleva alcachofas.
Y, por supuesto, no podéis iros sin probar la sobrasada menorquina, a mí me conquistó especialmente la versión picante. Tampoco sin desayunar una buena ensaimada cada mañana.
No dejéis de probar una buena pomada, eso sí, cuidadito porque entra muy bien.

Otra parada que recomiendo es la bodega Binifadet, un lugar perfecto para disfrutar del vino local y del paisaje de la isla.
Menorca me ha recordado que la sencillez, cuando está bien hecha, tiene muchísimo valor.


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