Cómo encontrar inspiración en tus viajes

Viajar para mí es más que moverme de un lugar a otro, es una forma de encontrar inspiración en los detalles, en las historias, en la arquitectura y hasta en una taza de café. En este blog te cuento cómo, durante mi viaje de 3 días en Viena, una ciudad llena de historia y arte, encontré pequeñas (y grandes) chispas de inspiración que me llevo conmigo.

Día 1:

Volamos directo desde Sevilla con Ryanair y llegamos por la tarde. Nos alojamos en The Hoxton Vienna, un hotel muy recomendable por su diseño y arquitectura: una reinterpretación elegante de los años 50, con materiales nobles, mobiliario de líneas limpias y un ambiente cálido.

Después de instalarnos, salimos caminando hacia el centro histórico. Pasamos por el Albertina Museum, la Biblioteca Nacional y el Ayuntamiento, disfrutando de la ciudad al atardecer. Terminamos en la zona de tiendas de lujo, cerca de la Catedral de San Esteban, cuyo tejado de cerámica vidriada con dibujos geométricos me pareció una auténtica maravilla. Es un ejemplo de cómo el color y el patrón pueden dar identidad a una arquitectura monumental.

Cerramos el día en el Café Sacher, probando la clásica tarta Sacher, un imprescindible en Viena.

Día 2:

Empezamos el día subiendo al rooftop del Hoxton para darnos un baño en la piscina climatizada. Después de una ducha caliente, salimos caminando hacia No Panic, una cafetería moderna con muy buen café.

Seguimos andando hasta la Maria-Theresien-Platz, donde se encuentran el Museo de Historia Natural y el Museo de Arte, dos edificios gemelos con una arquitectura impresionante. Entramos al Leopold Museum, donde pasamos algo más de una hora disfrutando de su colección de arte moderno.

Después fuimos al barrio de Neubau, una de las zonas más creativas de Viena, llena de tiendas vintage, galerías, talleres y cafés. Es un barrio con carácter, donde lo clásico y lo contemporáneo conviven con naturalidad: fachadas antiguas, suelos hidráulicos, carpinterías originales y mobiliario de diseño actual.

Entramos en la tienda Xocolat, especializada en chocolates artesanos, y compramos bombones y tabletas. Terminamos la tarde en el café Caliena, un espacio precioso con muebles de Vitra, muchas plantas y un ambiente cálido. Pedimos un chai latte y un trozo de bizcocho, que acabaron siendo nuestra cena, porque aquí las tiendas cierran temprano y anochece pronto..

Día 3:

Salimos andando del hotel, como siempre. Viena es una ciudad muy cómoda y fácil de recorrer a pie. Desayunamos en Le Bol, un sitio muy agradable en el centro (aunque no aceptan tarjeta, solo efectivo).

Después fuimos al Naschmarkt, un mercado de antigüedades que recomiendo 100%. Aunque llovía un poco, mereció mucho la pena. Encontramos vajillas y cristalerías preciosas, piezas con historia y carácter, ideales para cualquier proyecto de interiorismo. Además, se puede regatear.

Volvimos al hotel para cambiarnos y salimos hacia el Palacio Belvedere, que se divide en dos museos: uno con exposiciones temporales, como la de Monet y Cézanne, y otro —el propio palacio— con la colección permanente de Gustav Klimt, donde se encuentra su famosa obra El Beso. Los jardines no son lo más destacable, pero el edificio barroco y la colección merecen muchísimo la visita.

Comimos en el Café Ansari, un restaurante muy agradable, junto al japonés Mochi, también recomendable. Después tomamos café en Ototo, una cafetería muy actual con tienda propia y una historia encantadora: un homenaje a las mujeres que cuidan, trabajan y sostienen. El concepto y la estética del local me parecieron muy inspiradores.

De vuelta al hotel, paseamos por la zona de la Catedral de San Esteban, recorriendo las calles comerciales y entrando en alguna iglesia, antes de regresar al Hoxton, donde cenamos y cerramos el día.

 A veces la inspiración está en el silencio de una sala de museo, en una melodía que suena en una esquina o en una vista inesperada desde un tranvía.

Este viaje me recordó que salir de la rutina y observar el mundo con ojos curiosos es, en sí mismo, una fuente infinita de ideas, sensaciones y conexiones.

Viena me inspiró con su historia, su arte, su elegancia… pero sobre todo, me inspiró a seguir viajando con intención. Porque al final, no se trata solo de los lugares que visitas, sino de cómo esos lugares te aportan y transforman tu forma de ver las cosas.

Y tú, ¿dónde encuentras inspiración?

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